DOCTOR MANUEL VILLANUEVA

Primer traumatólogo español Premiado por la AAOS por una técnica quirúrgica original

Mi verdadera vocación: mis pacientes. De muchos de ellos me acuerdo tanto como de los maestros quirúrgicos, pues han sido mis maestros en humanidad, tesón, resistencia y humildad.

Llevo 20 años tratando infecciones y casos complejos de prótesis de rodilla y cadera

Cuando llegué al Gregorio Marañón uno de los pilares de mi carrera como traumatólogo fue hacer prótesis de cadera y de rodilla, pero me di cuenta de que el problema venía cuando estos implantes ‘fallaban’, cuando las operaciones no iban bien. Muchos de nuestros pacientes tenían dolor o se infectaban. Cuando esto sucedía, los resultados ya nunca eran buenos. Un tercio de los pacientes a quienes se les infectaba la prótesis de rodilla acababan con la rodilla fusionada, una artrodesis lo llamamos en castellano.

Aprendí entonces que ser superespecialista en un área significaba la diferencia entre saber o no saber manejar las complicaciones con las máximas garantías de éxito posibles.

En aquel entonces yo ya había trabajado con los doctores José Antonio Pardo Albarellos, el Dr. Estevez Ruíz de Castañeda y había pasado tres meses en Miami con el Dr. Rowland Pritchard, entre otros, como el Dr. Carlos Lavernia y John Uribe. Las expectativas de los pacientes que se complicaban, pero que estaban en manos de estos grandes doctores eran más halagüeñas.

Aprendiendo Traumatologia y Cirugía al lado de los Mejores

Como no estaba conforme con los resultados que teníamos y la falta de recursos que yo podía ofrecer a estos pacientes decidí mejorar mi grado de especialización en cirugía ortopédica. El Hospital for Special Surgery de Nueva York fue el primer hospital monográfico en ortopedia y traumatología del mundo, en 1863. Es el primer hospital en el ranking USA en ortopedia, por delante de la Clínica Mayo y en él se implantan un 40% más prótesis que en cualquier otro hospital americano. Este era el sitio donde ir y esta era la oportunidad.

Coincidía además el mejor hospital con mi ciudad favorita y mi pasión por viajar. Apoyado por mis jefes, el Dr. Rodríguez Álvarez primero y el Dr. Gerardo Riquelme después y con becas de la SOMACOT y de la Fundación Laín Entralgo pude completar dos periodos de rotación, de tres meses cada uno, en esta institución.

El Dr. Richard Laskin fue mi anfitrión en la primera etapa, extraordinario como cirujano y como persona. Culto, sensible y con las ideas muy claras. Se preocupó porque optimizase mi rotación allí. Los días que el programa de otros doctores (Mathias Böstrom, Steven Haas, Bryan Nestor…) era más interesante me ponía con ellos para que sacase el máximo partido.

Gracias a él aprendí, entendí y asimilé, los principios de una parte de la especialidad, aprendí como tratar a los pacientes y como hacer recambios y ser creativo. El me insistía en que no hacía falta tener series enormes de pacientes para aportar ideas, que tuviera los ojos abiertos, que fuese crítico y creativo y que surgirían las ideas. El me dedicó y regaló un libro sobre reprótesis de rodilla, que fue mi guía en los primeros años. Con dedicatoria: “…sé que hará grandes cosas…” en español (hablaba más o menos 5 idiomas).

He sentido su impulso en todos estos años y tenía razón. Hasta aquí he descrito 5 técnicas quirúrgicas originales y cada vez, cuando firmo con mis amigos y colaboradores los videos que enviamos a la Academia Americana de Cirujanos Ortopédicos, el momento más emocionante es cuando ponemos los agradecimientos:

  • A nuestras familias
  • A nuestros mentores americanos y españoles

Durante esta rotación comencé a asistir a jornadas quirúrgicas con el Dr. Böstrom. Hacía muchos días 4 revisiones y 4 prótesis primarias. Era impresionante pues él es más conocido por su investigación en ciencia básica que en casos complejos. Era el médico que trataba más revisiones y casos de infección del HSS. Me vine agradecido, con ganas de volver y con alguna idea. Si se sabe lo que hay que hacer, la cirugía de revisión no es una aventura, es una operación más larga y con más necesidad de planificación. En el HSS no había “mala suerte”, las complicaciones estaban más o menos previstas y había un plan alternativo para solucionarlas sobre la marcha, minimizando sus consecuencias en el resultado final.

Al volver al Gregorio Marañón, junto con el Dr. García Lechúz, al principio, y las Dras. Sánchez Somolinos y Marín, del servicio de Microbiología comenzamos a formar un grupo de tratamiento de infección de prótesis. Integramos en ese grupo a enfermeras, supervisoras de quirófano, explicamos a los patólogos lo que queríamos ver con la anatomía patológica intraoperatoria, comenzamos a transmitir la necesidad de un abordaje multidisciplinar en el tratamiento de las infecciones: microbiólogos, patólogos, radiólogos, especialistas en medicina nuclear, cirujanos plásticos…traumatólogos, todos aportamos nuestro granito de arena.

Ya no teníamos tanto reparo en recambiar prótesis para erradicar una infección, porque entendíamos las técnicas de extracción y conocíamos los materiales y los recursos quirúrgicos para poder hacerlo, con la máxima garantía y siendo capaces de reconstruir la articulación en otra operación posterior.

Los resultados se dispararon. Las rodillas infectadas se salvaban en un 95% de los casos, con resultados buenos o excelentes, las caderas igual.

En aquel entonces yo ya había trabajado con los doctores José Antonio Pardo Albarellos, el Dr. Estevez Ruíz de Castañeda y había pasado tres meses en Miami con el Dr. Rowland Pritchard, entre otros, como el Dr. Carlos Lavernia y John Uribe. Las expectativas de los pacientes que se complicaban, pero que estaban en manos de estos grandes doctores eran más halagüeñas.

Aprendí entonces que ser superespecialista en un área significaba la diferencia entre saber o no saber manejar las complicaciones con las máximas garantías de éxito posibles.

Recuerdo como el Dr. Pritchard, uno de los más grandes cirujanos que he conocido, le dijo a una paciente disgustada con el resultado de una operación que “él era su médico cuando pensaba que todo iba a ir bien, que seguía siéndolo ahora que el resultado no era el esperado y que siempre estaría alerta ante cualquier forma de tratamiento, cualquier novedad, o cualquier opción que pudiera mejorarla…”.

Aunque yo era entonces residente de 5º año aquello se me quedó grabado para siempre. También recuerdo a mi querido amigo, el Dr. Jorge Morales, de El Salvador y esos días en que no podíamos ya con el horario americano y en vez de llegar al hospital a primera hora dábamos con nuestros huesos en Ocean Drive y sólo tras un desayuno pantagruélico, mirando el mar, nos decidíamos a ir al hospital, contando siempre con la benevolencia de nuestro anfitrión.

La Recompensa de la Investigación en el Área de Cirugía y Traumatología

Comenzamos a comunicar y publicar nuestros resultados y funcionamiento, en España y en USA, en el congreso americano de microbiología y en la AAOS. El primer año el Dr. Arlen Hanssen de la Clínica Mayo criticó duramente nuestros espaciadores para salvar prótesis infectadas cuando lo presentamos en el congreso de Washington. Los Dres Laskin y Haas le llamaron personalmente para recriminarle el tono desabrido de su crítica (creo que esto define la calidad humana de estos médicos, pues las personas que hacen algo por aquellos de quienes no esperan obtener ningún beneficio son las personas extraordinarias).

Pero al año siguiente presentamos la técnica en vídeo, con nuestra serie preliminar.

La AAOS nos premió, por primera vez, por una técnica quirúrgica original. El vódeo era el más visto en el congreso de San Diego, montones de médicos, de países menos ricos que USA o Canada, nos decían que les habíamos solucionado como resolver el problema de quitar una prótesis y cómo hacer que el paciente no estuviera impedido hasta la colocación de la prótesis definitiva.

Esto fue impresionante. El éxito del grupo multidisciplinar hizo que muchos hospitales nos intentasen imitar y que otros nos remitiesen casos cada vez más difíciles.

Los resultados, al empezar a tratar cada vez más casos operados muchas veces, con fístulas, injertos cutáneos, bacterias multirresistentes empeoraron. Ese fue el motivo de volver a rotar con el Dr. Böstrom tres meses más, o visitar centros superespecializados, como la Endoklinic, en Hamburgo, en años posteriores, hacer las cosas mejor y mantener nuestros resultados en los mejores porcentajes posibles.

La segunda rotación en el HSS fue maravillosa también. Mathias Böstrom había crecido en números, las revisiones se sucedían sin parar, las complicaciones casi nunca eran insalvables. Todo era armónico, parecían prótesis primarias, simplemente más largas. Eso me dijo él, son primarias, más largas, con un plan A, plan B, plan C… por si van surgiendo problemas. Lo importante es la planificación. Ya estábamos, de nuevo, en el punto de evitar la “mala suerte”, se la podía arrinconar con conocimiento y planificación.

Esos tres meses (yo ya había cumplido los 40 años) viviendo en Nueva York en una residencia de estudiantes, con el baño a 50 metros de la habitación, compartiendo la experiencia con María, mi mujer, que rotaba con el Dr. Bernard Ackermann, el creador de la dermopatología, fueron maravillosos. Había días que llegaba al hospital a las 7.30 y salía más tarde la una de la madrugada. Recuerdo una de las frases que se me grabó de aquellas rotaciones:“Si la vida te trae limones, haz limonada”.

Recuerdo una de las frases que se me grabó de aquellas rotaciones:
Si la vida te trae limones, haz limonada”.

Mientras caminaba por Manhattan pensaba en el sentido de todo este esfuerzo, pero luego llegaron las respuestas, casos, pacientes, éxitos…aquella experiencia ya era parte de mi fuerza vital. Los fines de semana María y yo íbamos a bibliotecas, a estudiar, era una fiebre. Algún día a hacer turismo o a correr por Central Park, o a hacer fotos que podéis ver en www.mvillanuevam.com en el capítulo “La ciudad interior”. Leyendo estas líneas ya sabéis porqué.

 

Dr. Villanueva New York 09

Nueva York.  www.mvillanuevam.com

Luego vinieron otros logros profesionales maravillosos. La AAOS nos volvió a premiar varias veces por nuestros trabajos de prótesis, certificando nuestra calidad profesional, y otras veces seleccionaron nuestras técnicas para su biblioteca de formación continuada para cirujanos de todo el mundo.

Luego surgió la posibilidad de formar parte, como traumatólogo español, de la Palacademy, y de estar entre los fundadores de esta maravillosa plataforma internacional para formación de traumatólogos, profesionales y pacientes.

En todo este camino siempre siento al Dr. Laskin cerca, como al Dr. Pardo y a los otros maestros y sé que, sobre todo ellos, se sentirían orgullosos de mí.

En el hospital el esfuerzo de planificación era, los primeros años, agotador. Pedir permisos para usar este u otro implante, personalizando cada caso, hacer talleres con la gente implicada y yo mismo para conocer mejor el instrumental indicado en cada caso…acabar las sesiones quirúrgicas, viernes tras viernes, horas después de cumplido el horario, y así durante años…aunque finalmente todo fue más fácil y la planificación empezó a verse como algo natural y como parte de la actividad quirúrgica en la cirugía de revisión o primaria de prótesis.

Durante todos estos años tratando casos complejos de prótesis de cadera y rodilla; casos que muchas veces nadie quería hacer, casos en los que te dejabas la salud, casos por los que los compañeros te criticaban (algunos con sobrenombres como “el americano”) en lo que creían era un ejercicio de vanidad quirúrgica y no de amor propio y honradez profesional siempre comentaba a mis pacientes la necesidad o el sueño de que pudiesen hablar entre ellos, darse ánimo en estos cuadros que necesitaban meses y varias operaciones para curarse o, a veces, para aceptar que no habíamos conseguido lo que pretendíamos.

Mi Verdadera Vocación: Mis pacientes

Me he oído repetir todos estos años que, cuando tuviera tiempo, crearía una asociación de pacientes con prótesis infectada o dolorosa, para compartir experiencias, dar luz a otros pacientes o a sus médicos, cuando estemos bloqueados, ayudarse, compartir experiencias. Ahora ha llegado el momento. Uno de los problemas en estos procesos largos y dolorosos es que el paciente no se venga abajo, que no pierda la fe en su equipo médico y que forme parte de él, pues sin su fe y colaboración no es posible el éxito.

De muchos de ellos me acuerdo tanto como de los maestros quirúrgicos, pues han sido mis maestros en humanidad, tesón, resistencia, humildad. Daría sus nombres con gusto pues algunos casos te marcan en tu carrera: Agustín (centenario), Pilar, Esteban, Esperanza, Margarita, Jerónimo, Victor, Concepción….lo dejo aquí porque no puedo poner a todos, ellos saben quiénes son.

En general te acuerdas más de aquellos casos más complejos, o los que lo han pasado pero, y tú con ellos, esos casos con los que te has ido a la cama días y días, pero también de los que fueron bien. Para todos ellos, el espacio en mi Web ‘TESTIMONIOS‘. Es un espacio para los pacientes, pero también para los médicos, para que les oigamos y para que nos guíen en el diagnóstico y en su tratamiento. En estos años muchos casos no han salido bien, desgraciadamente, pero en la mayoría de estos casos el paciente ve la entrega y, en ocasiones, nos animaban a los médicos cuando nos veían cansados o bajos de moral. Eso no tiene precio, por esto vale la pena ser médico. Por eso espero que TESTIMONIOS como los que tenemos sirvan de aliento y ayuda a muchas personas.

Quien se acerque a este espacio debe olvidarse de criticar o desacreditar a sus médicos, seguro que ellos también sufren si el caso no ha ido bien. Deben hacerlo para buscar ideas, apoyo o soluciones.